En las últimas dos décadas, el cultivo de camarón en México ha crecido de manera impresionante, pero con un alto costo ambiental. Imágenes satelitales muestran que, entre 1993 y 2021, la superficie de estanques en la costa del Pacífico aumentó más de mil por ciento. Esto ha significado la pérdida de más de 114,000 hectáreas de manglares. A nivel mundial, la historia es similar: entre 1 y 1.5 millones de hectáreas de manglares y humedales se han convertido en granjas camaroneras.


Imágenes satelitales muestran la expansión acelerada de las granjas de camaronicultura cerca de Topolobampo, Sinaloa.
Pero los manglares no son terrenos vacíos. Son refugio y criadero de peces y crustáceos, protegen a las costas de tormentas, almacenan carbono y limpian el agua. Al destruirlos, perdemos protección, biodiversidad y medios de vida para miles de familias.
Incluso en términos económicos, el balance no es favorable. Si dividimos los ingresos de la camaronicultura —unos mil millones de dólares al año— entre las hectáreas deforestadas, el rendimiento es de unos 8,800 dólares por hectárea. En contraste, el valor de los servicios que ofrecen los manglares se estima en 21,100 dólares por hectárea cada año. Es decir, ganamos dinero a corto plazo, pero perdemos mucho más a largo plazo.

El dilema es real: ¿seguir con la pesca de arrastre de alto impacto, o reemplazar manglares con granjas camaroneras? Ambos caminos son insostenibles si no se acompañan de soluciones responsables.

Algunas alternativas ya están sobre la mesa: impulsar pesquerías certificadas de bajo impacto, exigir etiquetas claras sobre el origen del camarón que consumimos y financiar proyectos serios de restauración de manglares que devuelvan funciones ecológicas y beneficios económicos a las comunidades.

Si queremos seguir disfrutando de un coctel de camarón sin pagar con la salud del litoral, necesitamos decisiones públicas, empresariales y de consumo que pongan en el centro la conservación de los manglares: bosques esenciales que sostienen la vida en nuestras costas.










